En las últimas entradas del blog he discutido y resaltado algunos
puntos, que llamaron mi atención, sobre las películas de Toy Story. Los he
analizado desde un punto de vista postmodernista, permitiendo así sustentar
algunas ideas con textos de estudios de la cultura.
De estas películas hemos podido observar como el pastiche permite la
interacción de distintos personajes con trasfondos y bagajes culturales
diferentes. En un mundo creado digitalmente, que simula nuestra realidad,
llegando a ser tan real que crea la ilusión de una hiperrealidad, que existe más
allá de la pantalla de cine. Donde los personajes no poseen un trasfondo, y más
bien existen en un presente eterno, en el cual utilizan la nostalgia para crear
simpatía con el espectador. Estos personajes se han convertido en objetos
comerciales de consumo debido al éxito de las películas en el mercado cinematográfico.
En el cual se han convertido, no solo en referencias, sino en iconos que
marcaron una época y estilo.
Quedan varias cosas por discutir, pero este corto análisis ha
permitido tener una visión más crítica sobre los productos visuales que consumimos
diariamente; y como estos delimitan nuestra cultura actual, a través de una
serie de elementos que pueden ser analizados bajo diferentes argumentos dentro
de los estudios culturales.


