miércoles, 16 de octubre de 2013

III. ¡No hay nada como el hogar!

La creación de una realidad simulada en la cual se colocan individuos que son referencias de una época u objeto, nos da como resultado personajes sin un trasfondo definido. Esto es lo que sucede en las películas de Toy Story, en la cuales somos introducidos a una serie de personajes de los cuales solo conocemos su presente, con muy poca referencia a su pasado. Es aquí cuando nos damos cuenta que con cada película somos bombardeados con nuevos personajes, pero sin que posean una relación directa y clara con las tramas anteriores. La idea de un tiempo lineal entre las películas solo es posible crearla al utilizar a los personajes humanos, con los cuales podemos tener una vaga referencia cronológica entre los eventos de cada historia. Debido a que en este tipo de películas, se nos presentan personajes esquizofrénicos, aislados de sus significados (Jameson, 1991), cuya existencia está relacionada a la duración de la trama, quienes dejando de existir cuando la magia del cine se acaba. Es solo al final de las tres películas, cuando cada espectador puede dotar a cada personaje de un trasfondo basado en su propia interpretación de la historia.



En el caso de algunos personajes se cuenta su historia, con lo que se justifica las acciones que presentan Aquí se utiliza la nostalgia “[…] cuyo intento desesperado de apropiarse de un pasado perdido […]” (Jameson, 1991) crea en el espectador una suerte de simpatía profunda con el personaje. Generalmente esta nostalgia hacer referencia al tiempo durante el cual los juguetes fueron amados por sus dueños. 





Referencias
Jameson, Frederic. (1991). La Lógica Cultural del Capitalismo Tardío. Teoría de la Postmodernidad. Madrid: Trotta, 2001. 23-83.


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